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viernes, 2 de abril de 2010

¿POR QUÉ TIEMBLA EN MÉXICO?

El planeta está constituido, como un rompecabezas, de 17 placas tectónicas en constante desplazamiento, introduciéndose unas debajo de otras mediante un fenómeno denominado "subducción", el cual genera actividad volcánica y sísmica debido a la energía liberada.


La actividad sísmica tiene su origen sobre el plano de contacto entre dos placas, lugar en el que se forma una falla geológica, que puede llegar a tener una longitud hasta de 1 000 kms. y alcanzar los 30 ó 40 kms. de profundidad. Este tipo de falla existe a lo largo de la costa del Océano Pacífico, donde las diferentes placas que forman el lecho del Océano se subducen hacia los continentes Americano y Asiático.

Por otro lado, al penetrar una de las placas cada vez más profundamente en el interior de la tierra, ciertos minerales se funden (debido a la presión y temperatura), formando magma que asciende a la superficie y genera las cadenas volcánicas que acompañan a las zonas de subducción.

En el caso de México, existe una zona a lo largo del Océano Pacífico que abarca desde las costas de Jalisco hasta la frontera con Guatemala, en la cual se subduce la Placa de Cocos, que forma el piso oceánico del Pacífico mexicano, en la Placa de Norteamérica, con un desplazamiento promedio de siete centímetros al año. El movimiento relativo entre estas dos placas no es constante e ininterrumpido sino que se lleva a cabo por desplazamientos súbitos en la zona de contacto.

Cada vez que se acumula energía suficiente en un cierto segmento de la falla, ocurre un desplazamiento que puede llegar a ser del orden de uno a tres metros, originándose un sismo. En algunas partes de la costa mexicana, como ciertas zonas de Oaxaca y Guerrero, por ejemplo, los grandes sismos parecen repetirse aproximadamente cada 35 ó 40 años; éste parece ser el lapso necesario para acumular suficiente energía capaz de generar un terremoto.

Cuando en alguna falla tectónica hay ausencia de sismos durante mucho tiempo, esto es indicativo de que en esa región hay una acumulación importante de energía que se liberará irremisiblemente a través de un terremoto o de una secuencia de temblores de magnitud importante.

En el caso de la costa de Guerrero, existe un tramo de 200 kilómetros en el que no ha sucedido un sismo fuerte desde 1911. En cuanto a las costas de Michoacán, el terremoto ocurrido el 19 de septiembre de 1985 tuvo su epicentro en Lázaro Cárdenas con una magnitud de 8.1 grados en la escala de Richter. El 30 de septiembre de 1999 se suscitó en las costas de Oaxaca un sismo de 7.4 grados con repercusiones en algunos estados de la República Mexicana y en el Distrito Federal.



La Ciudad de México, por el grado de deterioro que presentan muchos de sus edificios, principalmente en el Centro Histórico, y por la diversidad de tipos de subsuelo, es altamente vulnerable a los sismos, por lo que a partir de los ocurridos en 1985 se empezaron a tomar medidas en el ámbito nacional para prevenir o disminuir los efectos de los desastres, tales como la demolición de construcciones deterioradas, actualización del Reglamento de Construcción y la creación del Sistema Nacional de Protección Civil.

Respecto a la diversidad de tipos de subsuelo sobre los que se encuentra la ciudad de México, existen estudios sobre "Uso de suelo", con los riesgos inherentes a los mismos, que están a disposición de todos los ciudadanos y se encuentran en las Delegaciones Políticas correspondientes a la zona de nuestro interés, por lo que recomendamos que antes de adquirir un bien inmueble los consultemos para evitar adquirir riesgos innecesarios

miércoles, 31 de marzo de 2010

La importancia del Brigadista en la Protección Civil

Las experiencias vividas durante los sismos ocurridos en México en 1985 dejaron varias enseñanzas a la comunidad mundial en materia de Protección Civil, destacando entre ellas dos que es importante mencionar.


La primera se refiere a la ayuda internacional, en virtud de que llegaron grandes cantidades de medicinas sin clasificar, en empaques con distintos idiomas y muchas de ellas ya caducas; además, de ropa y objetos en muy mal estado o que no servían a la población en esos momentos, situación que propició que médicos y voluntarios se abocaran a clasificar estos artículos en vez de atender actividades de mayor prioridad. Ahora, gracias a esta experiencia, ya existe un organismo internacional denominado SUMA ()que se especializa en la recepción y manejo de suministros humanitarios en caso de desastres.

La segunda tiene que ver con la forma en que se concebía la respuesta de la sociedad civil ante los desastres. Antes de los sismos de 1985, en México se consideraba a la sociedad civil incapaz de auto organizarse ante el caos, teniendo que intervenir la milicia o las organizaciones paramilitares para tomar el control y restablecer el orden; sin embargo, se presentó un fenómeno social que cambió este paradigma, ya que fue la sociedad civil la que se organizó en forma inmediata para dar una respuesta de auxilio, ya que lamentablemente la magnitud del evento superó la capacidad de respuesta de las instituciones gubernamentales. Por todas partes surgieron voluntarios que sin experiencia ni equipo empezaron a mover piedra tras piedra, muchas veces sin palas ni herramientas sino con sus propias manos, trabajando por muchas horas sin descanso, con la única esperanza de rescatar personas con vida, hecho que permitió que muchas sobrevivieran.

Sin duda, los que vivimos aquel desastre recordaremos que simultáneamente surgieron incendios por varios lados, que los principales hospitales fueron los primeros en caerse y que eran miles los que pedían auxilio en medio de los escombros. Era tal el drama, que resultaba casi imposible no colaborar ya sea haciendo donaciones o acudiendo como voluntario en distintas actividades.

Lamentablemente, México está ubicado en una zona altamente sísmica, además de que existen otros riesgos como huracanes, inundaciones, incendios, etc., pero nosotros, como sociedad civil, hemos aprendido que de la forma inmediata en que reaccionemos ante los desastres dependerá el número de sobrevivientes que tengamos.

Es por eso que los Programas Internos de Protección Civil dentro de las Instituciones y los Planes Familiares de Protección Civil representan una esperanza de vida y una de las formas más inteligentes de prevenir, o en su caso, enfrentar los desastres, ya que la próxima vez, no nos volverán a tomar desprevenidos."

Sin embargo, el éxito de un programa de protección civil depende en gran medida de las actividades que realicen los brigadistas, sobre todo durante la presencia de un fenómeno perturbador, en virtud de que se requiere de un tiempo de respuesta mínimo al momento de presentarse la emergencia, en particular, tratándose de sismos. De ahí que la participación ciudadana es indispensable pero dentro de un marco debidamente coordinado y con la capacitación adecuada.

¿Qué es un brigadista?

La palabra brigada se deriva de bregar, que significa luchar con los riesgos y dificultades para superarlos. Las brigadas son conjuntos de personas organizadas que trabajan para un mismo fin.

Brigadista significa formar parte de una brigada; y en el caso de Protección Civil, se constituye en el elemento primordial, ya que el éxito de estos programas depende de la eficiencia de su participación.

Los brigadistas son la parte de la sociedad civil que está preparada para dar una respuesta coordinada e inmediata ante las adversidades que pongan en riesgo la integridad física de los miembros del grupo al que pertenecen.

¿Cuáles son las características deseables en un brigadista?

La experiencia nos ha demostrado que cualquier persona puede ser brigadista, ya que ante situaciones caóticas han surgido personas de todos los estratos sociales, con diversidad de deficiencias y carencias pero con un alto grado de altruismo y disposición para brindar ayuda.

Sin embargo, los brigadistas deben ser personas con carácter, capaces de dominar su temperamento y proceder con cordura ante situaciones totalmente adversas. Físicamente lo más recomendable es que gocen de cabal salud y preferentemente practiquen algún deporte o hagan ejercicio regularmente. El brigadista debe tener una alta capacidad de trabajo en equipo, así como la de asumir el rol de líder de su grupo y de apoyo a los más vulnerables.

El brigadista debe conocer perfectamente su centro de trabajo, a las personas de su área, incluyendo sus características físicas y psicológicas, y él, a su vez, ser plenamente identificado por su grupo.

¿Hasta dónde debe actuar un brigadista?

Los brigadistas no son especialistas sino voluntarios, por lo que su participación, en primera instancia, se limita a brindar respuesta inmediata para poner a salvo la vida de los miembros del grupo al que pertenece y para evitar que se propaguen los daños; por ejemplo, en el caso de incendios debe atenderlos cuando son conatos o mientras llegan los bomberos y siempre contando con el equipo adecuado.

Un brigadista no debe poner en riesgo inútilmente su vida ni la de los miembros de su brigada, debe saber actuar hasta la medida de sus posibilidades pero siempre haciendo su mejor esfuerzo.